MI HISTORIA
Desde mi infancia, el trabajo manual ha sido el motor que ha impulsado mi vida. Mi sensibilidad hacia la forma y la materia se cultivó observando a mi familia, cuyos talentos dejaron una profunda huella en mi percepción de la creación. Mi abuelo, con sus esculturas en metal, y mi abuela, con su maestría como modista, crearon un entorno lleno de creatividad y destreza que mi madre, a su vez, me transmitió. Estos ejemplos cercanos me inspiraron y me conectaron con el aspecto primordial de transformar la materia, marcando el inicio de mi propio camino en el arte. Impulsada por esta rica herencia creativa, decidí estudiar artes visuales con énfasis plástico.
Durante una clase de cerámica en la Universidad, todo encajó en su lugar para mí. La cerámica me ofreció una conexión física y sensorial directa con el material. A diferencia de otras formas de arte que había experimentado previamente, descubrí que trabajar con el barro era una experiencia rica y tangible que me permitía apropiarme de la textura, la resistencia y la maleabilidad del material en mis manos. Encontré que trabajar con cerámica también significaba trabajar con los elementos naturales básicos: tierra, aire, agua y fuego. Cada uno de ellos juega un papel crucial en el proceso, reflejando la esencia primordial y los ciclos de la naturaleza.
La cerámica me dio lecciones sobre la espontaneidad y la resiliencia. Aprendí a aceptar que las piezas a veces se rompían, lo que me enseñó a soltar y a dejar ir. El esmalte, en su constante transformación de colores y texturas, me mostró la belleza de la metamorfosis y el poder de la adaptación. Este proceso me cambió no solo como profesional, sino como ser humano. A través de estos desafíos y descubrimientos, conocí a una nueva versión de mí misma: una Natalia más fuerte, persistente y audaz. Esta nueva identidad me dio la fuerza para emprender mi camino como docente. Mi objetivo es conectar e inspirar a otros en su exploración con la cerámica, ayudando a abrir puertas y a descubrir el potencial creativo que cada uno lleva dentro.
Aprovechando ese mismo impulso y fuerza que la cerámica me dio, y de manera paralela a mi camino como profesora, emprendí con "Polo a Tierra," el nombre de mi taller y de mi marca de cerámica, que, aunque suene redundante, se convirtió en el verdadero polo a tierra de mi vida. En mi taller, he desarrollado una amplia gama de proyectos que van desde piezas únicas hechas por encargo hasta colaboraciones con diversos comercios. Entre mis proyectos más destacados se encuentra la creación de piezas exclusivas para un restaurante de autor en Cartagena, donde cada pieza refleja una historia de dedicación y sensibilidad.
Cada pieza en "Polo a Tierra" es un testimonio del aprendizaje, la transformación y el compromiso con la creación manual. A través de mi marca, comparto mi amor por la cerámica y mi recorrido en la elaboración de obras que capturan la esencia de mi viaje personal y artístico. La intención de esta página web es acercar mi trabajo a más personas y compartir colecciones únicas que se diferencian de la producción industrial. En "Polo a Tierra" apuesto por objetos con historia y sensibilidad, son piezas que se resisten a los modelos de producción en masa y que celebran la singularidad y el cuidado del detalle.




